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Monseñor Chomali: “Gracias Padre Luis…”

Publicado el 2012-03-10

“Gracias Padre Luis, ve en paz..” fueron las palabras con que Monseñor Fernando Chomali, arzobispo de Concepción, selló su homilía de agradecimiento y homenaje al Padre Luis Castro Ávila, párroco de la parroquia San Sebastián de Yumbel, durante la celebración la eucaristía de exequias, en la catedral.


Monseñor Chomali: “Gracias Padre Luis…”

El templo acogió a centenares de fieles y personas que provinieron desde las distintas comunidades en las que sirvió pastoralmente el sacerdote, que  fue incardinado en la arquidiócesis de la Santísima Concepción, tras servir en la congregación de los Padres Redentoristas. Desde Yumbel llegaron varios buses, encabezadas por su alcalde,  Julio Cabezas y parlamentarios de la zona.

“Ha fallecido el padre Luis;  si ha fallecido. Y estamos tristes, muy tristes porque lo queríamos mucho y lo queremos como hermano, como amigo, como sacerdote”, agregó Monseñor, subrayando que “muchas personas, de todos los lugares donde estuvo trabajando pastoralmente,  han venido a rezar y a estar junto a él, en su ultima morada”.

En su homilía, también planteó: “¿Por qué estamos, aquí, hoy? Porque el Padre Luis amó y nos amó mucho. Él intentó vivir en profundidad su ministerio sacerdotal, como Jesús, dando la vida por los demás. Y  nosotros hemos sido testigos de esa entrega. El, con su testimonio de vida, consagrado a  Dios, nos hace comprender  de manera palpable que estamos en las manos de Dios”.

Monseñor Chomali confidenció que durante su enfermedad jamás escuchó al padre Luis una queja ni dolor. “Jamás lo escuché renegar de Dios, al contrario, siempre me dijo: estoy en las manos de Dios y ése es un ejemplo, cuando nosotros queremos hacer nuestro proyecto, donde queremos hacer nuestra propia voluntad”.

Subrayó que con su ejemplo de vida, el Padre Luis “nos hizo ver el rostro misericordioso de Dios y  nos lo mostró con su bonhomía;  con su manera pacifica de ser, de su gran espíritu constructivo para unir donde había desunión; para dar esperanza donde había desesperanza y para dar soluciones donde habían problemas”.

Dijo que su singular forma de ser y actuar  y los carismas que Dios le dio, nos hará falta.“El Padre Luis tenía además una característica que nos enseña mucho. Era un hombre tremendamente agradecido de la vida, era un hombre muy agradecido de su familia, amó de modo especial a su madre,  era un hombre agradecido del sacerdocio y de la Iglesia, de los feligreses con quienes se encontró; era un hombre agradecido de la comunidad sacerdotal que le tocó vivir, era un hombre agradecido de Yumbel,  agradecido de san Sebastián y profundamente agradecido de la Virgen María a quien fue consagrado a muy tempana edad, por su propia madre”, enfatizó.

Reflexionando sobre el misterio de la muerte y la pena que genera, Monseñor  indicó que “a pesar de la tristeza real, que se traduce en muchas lágrimas,  estamos seremos;  estamos con la serenidad que nos regala la fe y la esperanza;  la fe que Jesucristo ha resucitado y la esperanza  de que la muerte no es la última palabra, sino que es la vida y la vida eterna. Ese es el gran regalo de Dios “.

 

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